martes, 8 de mayo de 2007

LIBERTAD

Hola joven, cómo te encuentras, yo me encuentro bien gracias a nuestro señor Jesús.

Quiero preguntarte algo, ¿Te has sentido alguna vez preso? ¿Tus padres son muy estrictos? ¿Los ancianos de tu congregación se fijan mucho en tu apariencia y no se dan cuenta que sólo necesitas un poco de libertad? Ten cuidado, el enemigo es astuto y lleva años destruyendo nuestra juventud con las misma armas. Satanás te encadena con tu falta de experiencia, tu inocencia e ingenuidad. El mundo es el mismo año tras año y generación tras generación. Y aunque tú no lo pienses, tus padres y tus abuelos tuvieron tu edad, y todos pasaron lo que estás pasando: una de las luchas y batallas más grandes de nuestra vida.

Deja que te cuente algo de mi historia. Yo sé lo que tú sientes, porque yo nací en la iglesia que tú naciste. Fui a la misma escuela sabática que tú fuiste, y a los mismos cultos y servicios, y sentía el mismo encarcelamiento en mi corazón que tú estás sintiendo. Culpaba a las normas y restricciones de cosas mundanas y carnales por las que mi alma y corazón sufría.

¡Alto! espera un momento, ¿escuchaste lo que acabo de decir? Sufría mi alma y corazón por la falta de cosas mundanas y por las restricciones que ponían la iglesia y mis padres. ¿Puede eso ser posible? ¿Puede el espíritu o el alma de alguien afligirse por falta de un arete, un tatuaje, una ropa, una canción que habla de sexo, de drogas o de cualquier cosa mundana o por falta de comida o de popularidad? ¿Cómo puede el espíritu o el alma de uno afligirse por cosas que sólo complacen al cuerpo o a la carne?

Joven, ¿te has sentido alguna vez así? Déjame preguntarte algo. ¿Hace cuánto tiempo que te sientas en la última banca de la iglesia… que no cantas junto con la congregación… que no lees la Biblia cuando se está leyendo… que no oras cuando se está orando… que cuando se lee la Escritura para el mensaje te levantas y te vas porque te dio hambre o para hablar con tus amigos?

¿No sabes qué decir? No me tienes que contestar, el enemigo es astuto y nuestra carne es inmunda y amiga del pecado. El único camino que mantiene nuestra alma libre es Jesucristo. Pero si nos alejamos de Él, aunque sea por un segundo, el diablo está asechando como tigre hambriento y se lanza para el ataque haciendo alianza con una potencia, con un fuerte enemigo, con el segundo principal enemigo de nosotros, que es nuestra mente. La mente manda al cuerpo y nuestro cuerpo busca el pecado, y mientras el enemigo hace su obra, poniendo excusas y pretextos, amigos y placeres para alejarnos de Dios, la mente cumple con su parte y nos confunde, nos cambia el adversario, poniendo como enemigo a la iglesia y sus normas. Que si fulanito se viste así, que si fulanita se viste asá…

Joven, si nos preocupamos de fulano o de fulana y no en las cosas espirituales, de seguro nos vamos a perder.

Esa voz que nos pide a gritos libertad, no es más que la voz de nuestra alma y del Espíritu de Dios que en nosotros se debilita. Que nos ve como marionetas avanzando hacia el precipicio y nos grita: ¡devuélvete! Y nos pide: ¡libérame que estoy preso! Pero por nuestra falta de experiencia y soberbia, no escuchamos.

Así mismo no escuché yo su voz, o mejor dicho, no entendí su llamado. Y a muy temprana edad obtuve mi supuesta libertad y empecé poco a poco a complacer mi carne, en secreto me escapaba y me iba por el mundo a disfrutar mi libertad, y aquella voz que antes me llamaba, ya no escuchaba. Mi mente me confundía y me decía: ya no escuchas esa voz que te dice libérame porque ya eres libre, sin saber que ya no oía aquella voz porque se había apagado todo espíritu de Dios que quedaba en mí y la libertad que me quedaba, el enemigo me la había quitado.

El enemigo me paseó por lugares coloridos y por las luces brillantes del mundo donde todo era fiesta y felicidad. Pero poco a poco las luces se fueron apagando y los paisajes coloridos se fueron poniendo grises. Todo era podredumbre, muerte y desolación. Mi vida se llenó de demonios, de vicios, y andaba por ahí buscando la muerte sin saber lo que buscaba ni adónde iba. Hasta que cierta noche, por cierta situación, caí preso, y en ese momento, me convertí en el preso número 0675069, propiedad del estado.

Cuando desperté en esa celda, mi mente y mi cuerpo sintieron miedo. Se sintieron traicionados, sintieron que su aliado los había dejado y que ya no iban a poder disfrutar de sus necesidades y placeres.

El diablo se reía de mí, se burlaba y decía: Dejemos a este tonto aquí y vayámonos a buscar a otro. Y cuando me dejó ahí en ese rincón, Jesucristo me vino a buscar. A la casa de la escoria del mundo, me vino a buscar. Soy indigno de Él, y sin merecerlo me vino a buscar. Me empezó a enseñar su palabra y me empezó a enseñar su camino. Me confortó de una manera tan grande y tan bella, que ni todas las palabras que existen lo podrían describir. Me mostró lo que había pasado y me habló a través de otros presos, a través de escritos y cartas, y a través de mi familia. Cada vez que me sentía solo Él mismo venía y me consolaba. A mí, que pasé de ser hijo de esta iglesia, a ser hijo del mundo. A mí, que tanto daño le hice, a mí, que tanto lo ignoré. A mí, que menosprecié el linaje por el cual llegué a este mundo. A mí, que tan indigno soy de su amor.

¡Gloria sea dada al Dios del cielo por su misericordia!

Hola Joven, ¿cómo te encuentras? Yo me encuentro bien gracias a Dios, gracias a nuestro Señor Jesús.

¿Te has sentido alguna vez preso? Yo sí sé lo que es estar preso, que te digan a qué hora comer, a qué hora caminar, a qué hora levantarte, cómo hablar, cómo vestirte, cómo comportarte, y si no cumples, te castigan sin misericordia hasta que aprendes. Pero siento un gozo y una paz, y una libertad que nunca antes había sentido en mi vida. Mi carne y mi mente acorraladas han tenido que rendirse y arrodillarse ante el único Dios, que es Jehová. ¡Rey de reyes y Señor de señores!

A lo mejor tú me conoces, mi nombre es Jason Felipe Cárdenas, ahora, el preso número 0675069. Tus oraciones por mí han sido contestadas, pues preso en mi carne, mi alma fue libre.

¡JOVEN, LEVANTATE Y EXIGE TU LIBERTAD!